jueves, 3 de octubre de 2013

Casos de Mala Atención: Farmacia

farmacia antiguaHoy comparto con vosotros uno de los casos de mala atención al cliente y que más me ha dolido últimamente, por lo ridículo y por la cantidad de tiempo que llevo siendo clienta de esta farmacia: 16 años, ni más, ni menos.


Antes de nada he de decir que soy clienta fiel y que siempre compro en el mismo establecimiento, porque la atención siempre ha sido buena. Aunque he de decir que la cosa ya comenzó a cambiar cuando se marchó una de las auxiliares que es el paradigma de la buena atención al cliente. La persona que sustituyó a esta auxiliar no conectaba igual con el público, dejaron de tener detalles con los clientes (caramelos, alguna crema o gel de regalo con la compra, etc.), el establecimiento olía a tabaco... pequeños detalles que comenzaban a contar en negativo.


Pues bien, la puntilla a esta relación comercial ocurrió la semana pasada y os cuento en qué consistió:


cruz verdeUtilizo desde hace mucho tiempo unas ampollas de colágeno que me dan muy buen resultado, que tienen un precio excelente y que he comprado siempre en esta farmacia. Antes me las dispensaban en el momento porque las tenían en stock, con la crisis la cosa ha cambiado y debía encargarlas con antelación para que las pidiesen al distribuidor; algo que, por simpatía por el establecimiento y por antigüedad en el puesto, no me importaba demasiado.


Se me había acabado el producto, así que me dirigí a la farmacia a encargarlo como de costumbre. Me dijeron, también como habitualmente, que lo tendrían disponible esa misma tarde o al día siguiente a más tardar.


Cuando fui al establecimiento a recoger mis "adoradas" ampollas de colágeno, cuál no fue mi sorpresa al comunicarme que ya nos las fabricaba la marca, algo que me extrañó sobremanera, porque acababan de "lavarle la cara al producto" hacía un par de meses escasos y es un cosmético que gusta mucho al público. Y me sentí bastante decepcionada con la marca, dicho sea de paso. En la farmacia me ofrecieron en su lugar otras ampollas, que compré por la confianza que me inspiraban hasta entonces sus empleados.


Como es un producto que suelo recomendar en otro de mis blogs, me quedé con "mal sabor de boca", así que me dirigí al fabricante (una cooperativa farmacéutica muy seria y conocida, por cierto), para preguntarle el porqué de la retirada. Quería saberlo por si debía hacer algún aviso en los post de cara a la seguridad y salud de mis lectores o, simplemente, avisarles de que el producto ya no se podía comprar. También he de decir que tengo un sexto sentido para la mentira y sabía que no me habían dicho la verdad, así que quería comprobar si esta vez me estaba equivocando o había acertado de pleno en la "caza". 


Consultado el fabricante, me informó por escrito de que en ningún caso se había retirado en producto ni había previsión de hacerlo, que podía seguirlo encontrando en mi farmacia de referencia. ¿Os imagináis mi asombro? Para más inri, acudí a otro establecimiento de la zona donde lo adquirí sin mayor problema.

farmacia antigua 2 
Acudí a mi farmacia y pregunté el porqué de su mentira, enseñándoles la caja que acababa de comprar y que ellos me habían asegurado que ya no se fabricaba. Pues bien, la respuesta no fue satisfactoria: primero me intentaron hacer creer que la marca había cambiado de fabricante (¿no habían escuchado que tenía su respuesta por escrito del mismo fabricante?), luego me intentaron "colar" que habrían cambiado el código de barras al cambiar de formato y por eso les aparecía como dado de baja (había adquirido anteriormente cajas de ampollas con el nuevo look) y, al final, echaron la culpa al sistema informático (¡ay, la culpa siempre a la pobre informática!).  


Me imagino que el problema provendría de algún desacuerdo económico con el proveedor por retrasos en el pago o con la necesidad de dar salida al otro producto... pero eso no se hace con una clienta habitual (y aunque no lo sea). Y más después de tanto tiempo de relación comercial.


cartel de farmaciaEs una pena que se pierdan clientes fieles por un comportamiento incomprensible e infantil y, sobre todo, que no se sepan resolver las crisis con acierto y prontitud. En definitiva, es más fácil y más económico fidelizar clientes que buscarlos nuevos, más en el sector de farmacia, tan castigado por los recortes y la crisis.


Parafraseando el anuncio de Mastercard: "Colarle un producto a un cliente: 30 €, perder a una clienta de hace 16 años: no tiene precio". 



domingo, 29 de septiembre de 2013

8 Ocasiones en que Decirle No al Cliente (II)

En la anterior entrega de 8 Ocasiones en que Decirle No al Cliente os di los 4 primeros casos en los que es conveniente darle una negativa a nuestro cliente. En esta segunda y última veremos los siguientes.


Comenzamos...


5.- Cuando nos propone unos plazos de entrega que no podemos cumplir


noSi el cliente quiere que el proyecto sea para ayer y no nos es posible cumplirlo, es mejor decir no. Si estamos saturados de trabajo o las expectativas del cliente no son realistas, es mejor no aceptar. 


Alternativa:


Proponerle unos plazos asequibles o derivarle a un competidor de nuestra confianza, a riesgo de perderle definitivamente, claro.


6.- Cuando prevemos "puesyaques"


Hay clientes que firman un presupuesto, pero luego quieren exprimir su dinero añadiendo "puesyaques" (pues ya que estamos, hazme esto o hazme aquello... sin pagar, claro).


Alternativas:


En este caso, lo más adecuado es llegar a un equilibrio en el que contentemos al cliente con algún extra que no nos suponga ningún descalabro económico o una sobrecarga de trabajo y decirle no cuando se exceda.


Una cláusula en el presupuesto en la que se indique claramente que todo lo que se salga fuera de lo pactado deberá ser presupuestado aparte, es una buena política.


7.- Cuando es o ha sido un mal pagador


dineroUn cliente que paga tarde y mal, no nos interesa, porque en el mejor de los casos se convertirá en un coste financiero


Alternativa:


La mejor opción es decir no u ofrecerle el pago por adelantado o con algún tipo de garantía.


El cliente no puede convertirse en un riesgo financiero, y ahora menos que nunca.


8.- Cuando la intuición o la información nos dicen que será un cliente difícil


señal de prohibidoHay clientes que, por intuición o por referencias de terceros, sabemos que van a ser una fuente de problemas y, en ese caso, es mejor rechazarlos. Ese tipo de clientes no nos interesan porque, no sólo se convertirán en un quebradero de cabeza, además nos costarán dinero.


Alternativa:


Derivarle a un competidor, sin más, aunque le perdamos definitivamente. A ese tipo de clientes, cuanto más lejos mejor.  


¿Cuándo le decís vosotros que no a vuestro cliente?




También os puede interesar:

8 Ocasiones en que Decirle No al Cliente (I) 
Un Conflicto es una Oportunidad 
Cómo Evitar el "Regateo" con los Clientes












miércoles, 25 de septiembre de 2013

8 Ocasiones en que Decirle No al Cliente (I)

noEl otro día vi un programa en el que la divisa de una empresa era decirle siempre que al cliente... y creo que no es una política acertada. 
 
  
Creo que al cliente hay que decirle no en algunas ocasiones. Quizás a veces no sea un no rotundo, pero no siempre se puede dar la razón al cliente. Esto no es óbice para que el trato con nuestro cliente sea correcto y cordial, decir no no significa ser groseros, significa ser asertivos.


Y, muchos de esos clientes a los que hoy se dice no, probablemente volverán pronto aceptando nuestras condiciones, siempre y cuando estas sean razonables y realistas.


A continuación os dejo los 8 casos en los que considero que es positivo decirle no al cliente. En esta primera parte veremos 4 y en la segunda los 4 restantes. 


Vamos a ello:


1.- Cuando el cliente quiere pagar muy por debajo del precio de mercado


saldosNosotros tenemos una estructura de costes, unos márgenes mímimos de beneficio (trabajamos también por dinero, ¿cierto?) y una autoestima profesional que debemos cuidar. Es cierto que las cosas han cambiado y todos hemos ajustado nuestros precios al máximo, pero hay unos límites que no deberíamos cruzar. 


Cuando trabajamos muy por debajo del precio de mercado el cliente acaba creyendo que otro podrá hacer el trabajo aún por menos dinero... y eso acaba con el cierre de muchas pequeñas y medianas empresas. 


El aceptar un precio excesivamente bajo puede traernos dos consecuencias negativas extras, además de perder dinero: que el cliente no aprecie nuestro trabajo (cuando se consiguen gangas, automáticamente se desconfía del resultado, aunque se haya negociado con uñas y dientes) y que no quede satisfecho con el resultado, porque deberemos recortar en algunos conceptos para aceptar el proyecto (plazos, materiales, etc.).


Alternativas:

recorte de presupuesto
Una opción: recortar en el presupuesto

Podemos ofrecerle recortar el presupuesto en partidas que no le supongan un problema para acercarnos al precio que está dispuesto a pagar.


Podemos recomendarle a un competidor que sepamos que puede ofrecerle lo que desea. Eso sí, siempre que eso no nos suponga un problema de prestigio o de pérdida de clientes.


2.- Cuando quiere imponernos condiciones imposibles de cumplir



acrobata
Hay clientes que piden imposibles


Hay clientes que quieren imponer condiciones que no podemos cumplir: plazos de entrega, mantenimiento, extras, etc.

 
Si prevemos que no podremos llegar a satisfacer esos requisitos que el cliente nos pide, es mejor rechazar el proyecto y decirle no. 


Aquí encaja a la perfección el dicho de que "es mejor perder una venta que perder un cliente".


 
Alternativa:


Algunos clientes nos piden esas condiciones imposibles porque nuestro precio es elevado; quizás sea interesante analizar la situación y ofrecer una rebaja en el precio para que el cliente contemple una reducción de sus expectativas.


3.- Cuando el cliente quiere que vayamos en contra de nuestros principios


Hay clientes que se empeñan por cabezonería o desconocimiento en ir por un camino que nosotros sabemos que llevará al desastre. Si prevemos que darle la razón llevará a un resultado pésimo es mejor decirle que no, porque probablemente nos culpará a nosotros por mucho que le hayamos advertido de antemano. No sólo conseguiremos decepcionar al cliente, si no que habremos hecho un mal trabajo que repercutirá en nuestra imagen de marca.


Alternativa:


Con mucha mano izquierda proponerle nuestras alternativas de tal forma que acabe pensando que son idea suya. Si no funciona, es mejor dar un no rotundo.


4.- Cuando nos pide trabajos para los que no estamos preparados


Hay clientes que quieren embarcarnos en proyectos para los que no tenemos ni experiencia ni formación. Lo que puede convertirse en un fracaso estrepitoso. Si debemos ir aprendiendo sobre la marcha para hacer el trabajo, es más que probable que no cumplamos plazos o que el resultado no sea bueno.


Alternativas:


Podemos ser sinceros con el cliente e informarle de lo que ocurre, para que decida si quiere que hagamos el trabajo nosotros o no. Quizás modificando algunas condiciones del proyecto (presupuesto, plazos, etc.) podamos llegar a un acuerdo beneficioso para ambas partes.


También podemos proponerle trabajar en conjunto con otro proveedor que sí esté especializado en ese tipo de trabajos, así aprovecharemos para mantener el cliente y aprender; siempre y cuando no nos suponga un descalabro económico y que el partner sea de confianza.


Y hasta aquí la primera parte de este post. ¿Qué opináis vosotros al respecto?


¡Nos vemos en el próximo post!



sábado, 21 de septiembre de 2013

De Director General a Botones

plano cenital de un negocioHe de reconocer que me encanta la seríe "Undercover Boss" que ahora ofrece Xplora con el nombre de "El Jefe". Para los que no la conozcáis, consiste en que un alto directivo de una gran compañía se infiltra en su propia empresa para conocer de primera mano a sus trabajadores y las labores que desempeñan. Pasa por varios puestos distintos, con la excusa de que está participando en un reality en el que compite con otros candidatos, empapándose de la realidad de la empresa y de sus empleados. Evidentemente, tiene mucho de espectáculo, pero el mensaje me parece muy, muy interesante.

 
obreroAntes, un trabajador comenzaba en una empresa como aprendiz o en el puesto más bajo del escalafón y, poco a poco, iba ascendiendo y pasando por distintos departamentos de esa misma empresa o de otra diferente. Y, con talento y esfuerzo, podía llegar a lo más alto en el mundo empresarial. Esa forma de progresar le confería al directivo una visión global de la compañía y de lo que realmente se cocía en ella. En España tenemos numerosos ejemplos: Ramón Areces (Fundador de El Corte Inglés), que comenzó como botones en unos grandes almacenes en Cuba; Amancio Ortega (Propietario de Zara), que empezó su andadura profesional como empleado de una tienda de confección con sólo 14 años y muchos más. También es cierto que su época y su mundo eran totalmente distintos del que vivimos ahora, aunque ese conocimiento de la empresa desde sus cimientos es fundamental, antes y ahora.


camareroTodos nos quejamos de que muchos políticos (de todos los colores políticos, que en todas partes cuecen habas) no han salido al mundo real a ganarse un sueldo en la empresa privada y, por ello, no saben gobernar. Pues, bien, también hay muchos directivos que han pisado las escuelas de negocio (en el mejor de los casos), pero no han tomado contacto con la realidad de su empresa. Lo lógico sería que la formación exhaustiva fuese de la mano de un conocimiento real del día a día de la empresa, de sus trabajadores, de sus departamentos, de sus procesos, de sus clientes.


Si el directivo no conoce a sus trabajadores, ¿cómo podrá liderarles? Si no conoce la organización, ¿cómo podrá dirigirla? ¿cómo podrá establecer estrategias y directrices? Si no conoce a su cliente, ¿cómo podrá satisfacerle?


Y ese es uno de los grandes problemas de la mediana y gran empresa en nuestro país (y me imagino que en muchos más, viendo que el formato de "Undercover Boss" ha sido un éxito en otros países). Las pymes y micropymes, por su propia idiosincrasia, no se ven afectadas por este problema... menos mal que se libran de algo, porque difícil lo tienen (lo tenemos). Cuanto más pequeña la empresa, más fácil es que el empresario o el directivo conozca su negocio palmo a palmo porque, probablemente, haya comenzado su aventura empresarial como si fuese un hombre-orquesta: comercial, promotor, teleoperador, responsable de compras, gestor, diseñador, pintor, limpiador...


Para que un negocio consiga un pelotazo, quizás no hace falta conocer a fondo la empresa. Para que ofrezca rentabilidad y permanencia, sí.


recepciónClaro, que yo extendería el planteamiento de "El Jefe" a todos y cada uno de los empleados. Quizás estaría bien que los trabajadores fuesen rotando por los distintos departamentos, aunque sólo fuesen un par de días, para conocer el trabajo de sus compañeros. Quizás así todos respetarían más la labor que desempeñan los otros. Y eso redundaría en una verdadera orientación al cliente, no sólo porque el clima laboral sería más armonioso, también porque el conocimiento de todos los procesos que se llevan a cabo en la empresa llevaría a una respuesta más eficiente a los clientes.


Ahora mismo se me están ocurriendo varias empresas que podrían participar en este programa con algunos (o todos) de sus directivos: banca, telefonía, electricidad... ¿Y a vosotros?


Os dejo algunos enlaces a distintos capítulos, por si queréis delitaros con jefes ensuciándose las manos y viviendo en vivo y en directo lo que sus empleados hacen todos los días. Que lo disfrutéis:


http://www.youtube.com/watch?v=KKr2L_LHG10
http://www.youtube.com/watch?v=TDqy6DuMAJs
http://www.youtube.com/watch?v=SzZIbfETGTg