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miércoles, 11 de noviembre de 2015

Gestos que Pueden Arruinar Tu Imagen Profesional (II)

En la primera parte de Gestos que Pueden Arruinar Tu Imagen Personal te hablé de los gestos que debías evitar respecto a tu mirada y tu rostro.


Como te prometí, en esta segunda parte te hablaré de algunos de los gestos inadecuados relacionados con tu cuerpo, movimientos y postura.   


Gestos que pueden arruinar tu imagen profesional (II)


Son estos...
  

Los que tienen que ver con el cuerpo


Excesiva transpiración en las manos


Las manos sudorosas suelen inspirar rechazo, no sólo porque su tacto es desagradable, también porque suelen dar la impresión de nerviosismo y descontrol. 


Si la transpiración no es demasiada, el truco está en llevar un pañuelo siempre en el bolso y secarse las manos antes de estrecharlas o utilizar un producto antitranspirante. Si es mucha, lo mejor es consultar con un especialista.  


Apretón de manos
Dar la mano con demasiada fuerza o de forma muy lánguida


Si se estrecha la mano con mucha fuerza, se dará la impresión de ser dominante, agresivo y hostil. Si se da la mano de forma muy blanda, se transmitirá una sensación de poca energía y personalidad, incluso de falta de interés hacia la persona que se saluda.


Si quieres saber más acerca del arte de estrechar la mano, te sugiero que leas este artículo sobre el tema, tanto en su primera parte como en la segunda. 


No mostrar las manos


Se transmite la sensación de tener algo que ocultar, de miedo o de nerviosismo.


Por no hablar de que suele estar asociado con la mala educación. Por ejemplo, es bien sabido que una falta de educación hablar con otra persona si mantenemos las manos en los bolsillos o no poner las manos sobre la mesa mientras comemos.


Señalar con el dedo


Señalar con el dedo
Señalar con el dedo: una mala política
Se suele ver como un visaje que denota hostilidad y una opinión negativa de la persona que se tiene delante. Si es necesario llamar la atención de alguien, es mejor hacerlo con la mirada o con cualquier otro gesto que no implique señalar directamente con el dedo. 


Gesticular en exceso con las manos o no hacerlo en absoluto


Cuando se gesticula mucho con las manos, se suele dar la imagen de nerviosismo, incluso de agresividad. 


Si se mueven poco las manos al hablar, el mensaje que se transmite suele ser menos creíble. Al gesticular con las manos enfatizamos y puntuamos lo que se está diciendo. 


Manosear objetos o el propio cuerpo de forma compulsiva


Hombre ajustándose la corbata
Tocarse el pelo o la cara continuamente, ajustarse la ropa a cada instante, juguetear con el reloj o el anillo, aferrarse al bolígrafo como si fuese un salvavidas... Todos estos gestos transmiten la impresión de ansiedad, nerviosismo y falta de control. Por no hablar de que pueden resultar molestos para quien observa y despistan la atención del mensaje que se quiere transmitir.

 
Tener una postura demasiado encorvada o, por el contrario, demasiado estirada


Una postura encogida da la sensación de inseguridadfalta de autoestima o pesimismo.


Una espalda excesivamente erguida, suele asociarse a una persona arrogante.   


Cambiar el peso de un pie a otro de forma rápida y constante mientras se está de pie


Se ve como una señal de nerviosismo y de falta de control, además, es un tic que molesta y desconcierta a partes iguales a quien lo presencia. 


Un simple gesto como colocar los pies en un ángulo recto en lugar de en paralelo, suelen acabar con este vaivén. 
 
Brazos cruzados sobre el pecho
Cruzar los brazos delante del pecho


Es una postura que se suele asociar con el rechazo, la resistencia o con una actitud defensiva. No es precisamente el mejor gesto si estamos delante de un cliente o de un entrevistador.


Mover la pierna o el pie de forma exagerada y constante


Se suele ver como un ademán de impaciencia o nerviosismo. Y, ojo con este tipo de movimientos, porque suelen ser contagiosos. Y nadie quiere que la persona con la que está hablando termine medio histérica... claro, que quizás sea un buen truco para desestabilizar al contrario. 


Invadir el espacio personal de la otra persona sin que haya confianza


Aunque depende de la cultura, el entorno en el que nos movemos y la relación que nos une, es imprescindible respetar el espacio personal de nuestros interlocutores. 


Si nos acercamos demasiado a alguien con quien no tenemos confianza, lo más seguro es que acabemos haciéndole sentir muy mal y se producirá el molesto efecto vals. Seguro que alguna vez has comenzado a hablar con alguien y, como se acercaba demasiado, te has echado hacia atrás; al sentirte más lejos, esa persona ha dado un paso al frente... y al final habéis ejecutado una especie de coreografía en la que uno avanza y otro retrocede, casi como un vals. 


Y si nos separamos mucho al hablar con alguien con quien ya tenemos establecida una relación, puede considerarlo como un signo de desapego o de desprecio.  

 
Dentro de esta invasión del espacio personal, quizás se podría incluir el gesto de tocar. Si tocamos mucho y de forma reiterada a una persona con la que no tenemos una relación que lo justifique, puede verlo como una agresión, como una intromisión en su intimidad. Y eso no suele generar una buena impresión.


Y es otro visaje que puede malinterpretarse, como el de humedecerse los labios constantemente. 

Ocupar el espacio común es un error
Es importante respetar el espacio común

Ocupar el espacio común con el propio cuerpo o con nuestros objetos personales


Es otra forma de invadir el espacio del otro, aunque sea ocupando una zona común, como una mesa o un sillón compartido.


Cuidado con este tipo de detalles, porque pone a la defensiva al otro de manera inmediata. 


Espero que las dos partes de este post te hayan sido útiles para mantener una excelente imagen profesional.




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miércoles, 4 de noviembre de 2015

Gestos que Pueden Arruinar Tu Imagen Profesional (I)


La imagen personal es la base de nuestra imagen profesional, puesto que lo que proyectamos hacia el exterior es, ni más ni menos, nuestra personalidad.


Esa imagen profesional está compuesta de todo tipo de detalles que es necesario cuidar: el aspecto físico, el vestuario, la forma de hablar, la actitud...


Por supuesto, la imagen no es la única faceta que nos beneficia (o nos perjudica) en nuestro trabajo, pero sin ella es difícil conseguir una buena reputación profesional.  


Si no somos capaces de transmitir con esa imagen que estamos bien formados, que estamos motivados, que tenemos experiencia... será difícil que nuestros interlocutores se tomen la molestia de averiguar si realmente somos válidos. Ahí fuera hay multitud de personas buscando un empleo, un ascenso, un cliente o financiación; por lo que es importante diferenciarse. Y la buena imagen ayuda, y mucho.


En este post me gustaría centrarme en algo más sutil que el cuidado de nuestro aspecto o el vestuario más adecuado: en los gestos.

 
Los gestos son capaces de generar tanto o más atractivo (o rechazo) que lo que llevamos puesto o nuestro aseo personal. Al fin y al cabo los gestos sirven para comunicarnos con el otro, para transmitir emociones y actitudes.


Y, aunque la mayoría de los gestos son involuntarios, es conveniente intentar tomar consciencia de ellos y evitar en la medida de lo posible aquellos que perjudiquen a nuestra imagen personal y profesional. 


En esta primera parte te hablaré de los gestos relacionados con la mirada y el rostro y, en la segunda, con los que tienen que ver con el cuerpo.


Gestos que pueden arruinar tu imagen profesional (I)


Esos gestos perjudiciales suelen ser los que revelan inseguridad, nerviosismo, falta de sinceridad, desidia o falta de respeto por el interlocutor. Algunos de ellos son:


Los relacionados con la mirada


Bajar o esquivar la mirada de la persona con la que se está hablando


El contacto ocular es una señal de implicación, por lo que bajar o esquivar la mirada tiene connotaciones negativas si queremos establecer contacto con alguien, ya sea en el terreno personal o profesional. Las personas que miran más a los otros suelen ser percibidas como más accesibles y agradables. 


Esquivar la mirada se puede percibir como un indicador de mentira, de tener algo que ocultar, de sumisión o de inmadurez.  


Ojos como platosFijar durante demasiado la vista en el interlocutor sin dejar períodos de descanso


Si ese contacto visual que he mencionado en el punto anterior se alarga demasiado o es muy intenso, puede ser percibido por el otro como una señal de dominación o de agresión.


Si necesitas o deseas mantener un contacto visual continuado, puedes mirar a la zona del entrecejo, así la persona que tienes delante tendrá la sensación de que le miras a los ojos, pero sin incomodarle. 


Parpadear mucho y muy rápidamente


Es un gesto que da la impresión de nerviosismo, desconfianza en el otro, incluso de aburrimiento. Y eso no es lo peor de todo, es que se convierte en algo parecido a tener un trozo de espinacas en los dientes: roba la atención de lo que estás diciendo, para centrarse en tu parpadeo.  


Mover mucho los ojos


Genera una imagen parecida a la del parpadeo continuo, aunque también se puede percibir como una falta de atención hacia la otra persona o lo que se está tratando.


Mirar el reloj o el móvil de forma constante 


Es una forma de demostrar que tenemos algo que hacer más importante que estar hablando con nuestro interlocutor, aunque sólo se trate de un tic. También revela impaciencia e intranquilidad.


Los que tienen que ver con el rostro


No sonreír


Sonrisa
Una sonrisa, sobre todo si es sincera, es como un cartel luminoso de Bienvenido para la otra persona. Es la forma más visible de mostrar una actitud amigable y conciliadora. No sonreír en absoluto puede ser considerado un signo de hostilidad, timidez o de indiferencia por la otra persona que se tiene delante. 


Aunque hay una corriente entre ciertas celebrities que evitan la sonrisa, puesto que creen que es más cool un gesto serio; lo cierto es que es una mala política, si se quiere interactuar con los demás más allá de una foto en la alfombra roja.


Ponerse la mano delante de la boca a la hora de hablar


Se suele ver como un ademán de inmadurez, de inseguridad o de mentira; así que no es demasiado recomendable. 
 

Carraspear continuamente


Se percibe como un gesto nervioso... y muy molesto para la persona que lo escucha. Por no hablar de que desvía la atención de lo que el carraspeador compulsivo está diciendo. 


Chasquear la lengua con frecuencia


Normalmente chasqueamos la lengua si no nos creemos algo que nos dicen o nos desagrada; si lo hacemos constantemente, la otra persona pensará que le estamos juzgando de forma negativa, aunque se solo se trate de un tic o movimiento nervioso.
 

Morderse las uñas


Es un ademán que suele dar la sensación de nerviosismo y falta de control, justo lo que no queremos si estamos desarrollando nuestra labor profesional. 


Por otra parte, incluso aunque quien se muerde las uñas sea una persona muy aseada, suele dar sensación de suciedad y descuido.

   
Chico mordiéndose el labio inferior
Morderse el labio inferior, un gesto a evitar
Morderse el labio inferior


Aunque muchas veces suele tener su origen en la concentración absoluta, lo solemos percibir como signo de estrés o ansiedad. 


Humedecerse los labios constantemente


Suele verse como un indicio de nerviosismo, puesto que la boca se suele secar bastante si estamos sometidos una situación que nos estresa.


Y, por otra parte, es un gesto que puede confundirse con algún tipo de interés romántico... y eso puede ponerte en alguna situación comprometida.  


Para evitar esto, te aconsejo que lleves siempre contigo una pequeña botella de agua. 


Y hasta aquí llega esta primera parte. Te espero en la segunda, en la que te contaré algunos de los gestos que debes evitar con tu cuerpo.


Nos vemos...



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