domingo, 24 de noviembre de 2013

¿Señora o señorita?


En el mundo empresarial, todas deberíamos ser señoras. Y no lo digo en el sentido de ser damas, porque eso lo doy por hecho. Me refiero a la utilización del señora o del señorita.


novios playmobil
¿Señora = casada?
Antes se consideraba señora a aquella que estaba casada y, señorita, a la que aún no había pasado por el altar.


Después, se comenzó a utilizar el tratamiento señorita, para referirse tanto a las solteras como a las mujeres más jovencitas. Y eso empeoró mucho las cosas, porque el que nos llamasen señora era el signo de que las primeras arrugas, las primeras canas o ambas, habían hecho su aparición.


señora mayorY, posiblemente por este hecho, se pasó a "señoritear" a toda mujer menor de.... digamos 70. Y no sólo por parte de los hombres, la "señoritafilia" también ha sido y es cosa femenina.


Si esto pudiese resultar discriminatorio en el aspecto social (que personalmente creo que lo es), lo es mucho más aún en el mundo empresarial. ¿Os imagináis a alguien llamando señorito Botín a don Emilio (léase el amo del calabozo del Santander)? ¿O a Arturo Pérez Reverte (no me perdería por nada del mundo su acerada respuesta) ? ¿O a Mr. Higgs y su bosón?
 
grupo presentándose 
Hay muchas mujeres, entre las que me encuentro y no me considero feminista en absoluto, a las que nos molesta que nos llamen señorita (he llegado a oír incluso la expresión chica) en el entorno laboral; por muchos y variados motivos: desigualdad, paternalismo, displicencia... Es como la costumbre de ambos géneros de dar la mano a los caballeros y dos besos a las señoras, ¿por qué? ¿Es que nosotras siempre estamos en modo súper-amiga-del-alma con todo el mundo aunque seamos la consejera delegada en medio de una reunión con la plana mayor de la empresa?


Tengan (o tengamos) razón o no en este planteamiento, es conveniente evitar el famoso señorita, porque puede constituir la primera barrera en la comunicación con esa persona; una forma de comenzar una relación laboral con mal pie. ¿Y por qué hacerlo si se puede evitar fácilmente?


mujeres trabajadorasPara no equivocarse en este sentido hay dos fórmulas: señora o, mucho más elegante, el propio nombre de la persona. La palabra que mejor suena a los oídos de cualquiera es su nombre, ¿por qué desperdiciar entonces la oportunidad de agradar a nuestra interlocutora utilizando un señorita a destiempo?


Una de las excepciones al respecto, es utilizar el señorita para dirigirse a mujeres que nos están prestando un servicio: dependientas, recepcionistas, teleoperadoras, enfermeras, etc. Aunque con los cartelitos que suelen llevar en las solapas las dependientas y recepcionistas o con las presentaciones iniciales de las teleoperadoras, dirigirse a ellas por su nombre cada vez es más fácil.


Y, ojo, porque el señorita es, en ocasiones, una muletilla fácil que nos ahorra prestar atención al nombre de alguien o recordarlo; que incluso utilizamos entre nosotras.

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